Despertemos
Por Eugenio Taveras
El cerebro es el encargado de darnos todas las órdenes del más mínimo de nuestros movimientos, por lo que, a una gran parte de la población, aproximadamente el 95%, le aplicaron una anestesia supra inteligente, la cual consiste en provocar en ese importante órgano humano la inamovilidad de todos los sentidos, pero dejando la condición de tarados caminantes mecánicos para que podamos transitar por la vida sin saber que transitamos y así lograr en nosotros, conjunto de carne, huesos y órganos, la capacidad de ver y sentir que nos está llevando quien nos trajo, posiblemente el Diablo, junto al resto del conglomerado, y ni siquiera inmutarnos, debido a que ese casi 100% de la población Dominicana, formado por hombres de testículos extirpados y mujeres salidas de la sala de cirugía con los ovarios como faltantes, se nos olvidó que este pueblo fue forjado, según la historia, a sangre y fuego.
Hoy, casi doscientos años después, volvimos a ser tan sumisos como aquellos odiosos 22 años que estuvimos bajo el yugo de la hermana República de Haití, esta vez por un flagelo llamado corrupción, orquestado por un pequeño grupo de insaciables que no escatiman esfuerzos en seguir hundiendo el barco donde ellos también son tripulantes; sin embargo, yo que también soy un dominicano con testículos simbólicos, seguiré atado a ese famoso y odioso refrán popular que reza: "No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista", vaya condición masoquista de vivir, ya que estoy consciente de que en 100 años difícilmente esté en la lista de las rocas del mar que solo reciben maltratos de sus olas.


