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David Collado, el paga lento

Foto David ColladoPor Yorkis Sánchez

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En un país donde la comunicación es pilar de la democracia, resulta alarmante que los propios medios de comunicación —encargados de informar, fiscalizar y orientar a la ciudadanía— estén siendo asfixiados financieramente por una institución del Estado. La reciente denuncia del comunicador Robert Gonel pone el dedo sobre una llaga que, aunque muchos conocen, pocos se atreven a exponer: los prolongados retrasos en los pagos del Ministerio de Turismo de la República Dominicana.

Hablar de atrasos de hasta cuatro meses no es un simple "retraso administrativo"; es, en términos reales, una condena económica para decenas de medios, especialmente los pequeños y medianos que no cuentan con grandes reservas financieras. Mientras el Estado incumple, los compromisos siguen corriendo: la Tesorería de la Seguridad Social, los anticipos fiscales, los salarios y los costos operativos no esperan. Es una ecuación imposible.

El ministro David Collado ha construido una imagen pública de eficiencia y dinamismo en la promoción turística del país. Sin embargo, detrás de esa narrativa de éxito internacional, parece esconderse una preocupante desconexión con la realidad financiera interna de su propia institución. ¿De qué sirve proyectar una República Dominicana como destino estrella si, puertas adentro, se maltrata a quienes comunican esa misma imagen?

Aquí no se trata solo de números, sino de respeto institucional. Cuando el Estado contrata servicios publicitarios con medios de comunicación, adquiere una responsabilidad contractual que no puede ser tratada con ligereza. No pagar a tiempo no solo es una falta administrativa; es un acto que erosiona la confianza, debilita el ecosistema mediático y, en última instancia, afecta la pluralidad informativa.

Más grave aún es el silencio. Hasta el momento, el Ministerio no ha ofrecido una respuesta oficial que aclare, desmienta o al menos contextualice la denuncia. Ese mutismo institucional solo alimenta la percepción de desorden y falta de control en el manejo financiero.

El problema de fondo va más allá de una figura o una gestión puntual. Este caso refleja una práctica recurrente en distintas instituciones del Estado: utilizar a los medios como herramientas de difusión, pero sin garantizarles condiciones dignas de sostenibilidad. Es una relación desigual, donde el poder lo tiene quien paga... o quien decide no pagar a tiempo.

Si realmente se quiere fortalecer la industria turística y proyectar una imagen sólida del país, el primer paso debe ser respetar a los aliados estratégicos que hacen posible esa proyección: los medios de comunicación. No puede haber promoción sin comunicación, y no puede haber comunicación sostenible sin pagos oportunos.

El llamado es claro: el Ministerio de Turismo de la República Dominicana debe revisar de inmediato sus procesos financieros, transparentar su gestión y honrar sus compromisos. Porque en este juego, no solo está en riesgo la estabilidad de empresas mediáticas, sino la credibilidad de toda una institución.

Y al final, la pregunta queda en el aire: ¿puede un ministro que no paga a tiempo seguir vendiendo eficiencia?