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Ven, tócame

Foto LucasDos minutos

Por Luis Rafael García Dubus

Según el evangelio de San Lucas 24,35-48

La señora lloraba mientras hablaba. Ella estaba afirmando que durante esa semana había recuperado el amor de su hijo adolescente.

"La semana pasada", decía entre lágrimas, "cuando llegué a casa, encontré a mi hijo viendo televisión. Me acerqué y le acaricié la cabeza... hacía mucho que no hacía eso... luego él se incorporó y me abrazó...¡cuánto tiempo hacía que no nos abrazábamos...!."

La emoción de la madre nos embargó a todos. Y también nos ilustró de modo clarísimo una realidad: los padres no tocan a sus hijos adolescentes.

Estudios hechos por psicólogos y neurólogos han comprobado que la falta de contacto físico puede hacer mucho daño a los jóvenes.

En ocasiones es la causa principal de una serie de desórdenes emocionales, tales como depresión, hiperactividad, aberraciones sexuales, drogadicción, violencia y agresión, según afirma el neurólogo James W. Prescott en un estudio publicado hace unos años.

Desde luego que a nadie se le ocurrirá dejar de tocar a un niño de meses o de pocos años. Sin embargo, a medida que los hijos van creciendo nos vamos alejando, y llega un día en que ya nuestra relación no incluye contacto físico.

Y esto les hace mucha falta a ellos, sea cual sea la edad que tengan. Nunca deja una persona de necesitar algún tipo de contacto físico con sus seres queridos. Nunca.

En el evangelio de este domingo, (Lucas 24,35-48) aparece el Señor dando una orden a sus discípulos: "tóquenme" (Lucas 24,39)

Cuando un padre se acerca a un hijo y lo toca con cariño, el hijo se beneficia. Pero si ese mismo padre se acerca al Señor lo suficiente como para poder tocarlo, es él mismo quien se beneficia. Recibe un cariño que da sentido a su vida.

Quienes se han acercado lo saben. Muchas veces no lo dicen porque no se atreven, o porque no encuentran cómo explicarlo. Pero lo saben.

Además de cariño, los que se acercan hoy al Señor reciben algo que también necesitamos mucho: reciben entendimiento.

La resurrección del Señor es el hecho más indiscutible de toda la historia de la humanidad. Sin embargo, seguimos necesitando que el mismo Señor "nos abra el entendimiento" (Lucas 24,45) para que podamos entender que el Señor está vivo hoy.

Acercarse al Señor... y llegar a tocarlo. Esta es, sin duda, una experiencia de inconmensurable valor en al vida de una persona.

LA PREGUNTA DE HOY

¿CÓMO PUEDE UNO ACERCARSE AL SEÑOR Y TOCARLO HOY?

Le voy a responder con otra pregunta: ¿Ha hecho usted la primera comunión?.

Seguramente me responderá que sí, que cuando era niño, igual que yo, igual que Manuel. Sin embargo, Manuel hizo un día su "primera comunión de adulto."

Según me contó, ese día no fue algo rutinario. Me dijo que se había preparado especialmente bien, y que le había pedido al Señor la capacidad de percibir conscientemente su presencia en la Hostia.

Ese día, por primera vez, entendió que "comunión" quiere decir común-unión.

Pues bien, la manera de acercarse al Señor y tocarlo hoy es hacer su "primera comunión de adulto". Prepararse especialmente bien, (quizás haciendo una buena confesión) y pedirle al Señor la gracia de percibir claramente su presencia en la Hostia.

Le aseguro que esta es una experiencia indescriptible, y que si usted la tiene, tampoco podrá definirla ni explicársela a otro.

¡TOQUE AL SEÑOR! ¡TÓQUELO!